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Pakistán ataca Afganistán en ‘guerra abierta’ contra el gobierno talibán

  • hace 21 minutos
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Los ataques aéreos se dirigieron contra Kabul y Kandahar, las ciudades afganas más grandes, intensificando meses de tensiones fronterizas.


Pakistán y Afganistán se enzarzaron hoy viernes en los enfrentamientos bilaterales más encarnizados en años, según autoridades de ambas naciones, lo que convirtió meses de tensión y escaramuzas fronterizas en un conflicto abierto. Los soldados afganos asaltaron decenas de posiciones fronterizas paquistaníes y Pakistán respondió con una oleada de ataques aéreos contra importantes ciudades y centros militares.


Además de Kabul, donde viven seis millones de personas, los ataques alcanzaron la ciudad meridional de Kandahar —donde vive el líder supremo de los talibanes, el jeque Haibatulá Ajundzadá— y cuatro provincias fronterizas, según el teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, portavoz militar paquistaní.


“Eso es lo que se ha hecho hasta ahora”, dijo Sharif en una rueda de prensa el viernes. “Esto continúa”.


Pakistán lanzó ataques contra más de 20 localidades, dijo Sharif, horas después de que soldados afganos atacaron más de 50 posiciones fronterizas paquistaníes. Funcionarios afganos describieron ese asalto como una represalia por los ataques paquistaníes de principios de semana.


“Nuestra operación de anoche fue una operación de represalia y una respuesta a la operación de Pakistán, no un ataque para iniciar una guerra contra Pakistán”, dijo Zabihullah Mujahid, portavoz talibán, en una conferencia de prensa celebrada el viernes en Kandahar.


Pero los funcionarios paquistaníes no mostraron voluntad alguna de detener los combates más intensos de los últimos años.


“Nuestra copa de paciencia se ha rebosado”, dijo el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, en las redes sociales. “Ahora es una guerra abierta entre nosotros y ustedes”.


Los enfrentamientos se producen en un momento en que ambos países se preparan para las repercusiones comerciales y el movimiento de personas previsto a causa de posibles ataques militares estadounidenses en el vecino Irán, lo que añade una capa más de incertidumbre en una zona ya de por sí en vilo.


Al menos un depósito de municiones fue bombardeado en Kabul, según un militar afgano que llegó al lugar poco después y habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a hablar públicamente de los enfrentamientos. Las imágenes de satélite revisadas por The New York Times confirmaron el ataque. La emisora estatal paquistaní dijo que también había sido bombardeado un depósito de municiones en Kandahar.


Se desconocía el alcance de las bajas o los daños causados por los ataques aéreos, pero cada bando afirmó haber matado a decenas de combatientes en los enfrentamientos fronterizos.


Kabul, ciudad salpicada de retenes de control y agentes uniformados incluso en épocas más tranquilas, registró el viernes una mayor presencia de soldados y personal de seguridad en las calles. En la mayoría de las zonas, sin embargo, los habitantes continuaron con sus quehaceres y se reunieron en las mezquitas para las oraciones del mediodía.


Los enfrentamientos mostraron aquello por lo que son conocidos los ejércitos de ambos países: poder aéreo por parte de Pakistán e incursiones terrestres por parte de Afganistán. Los talibanes desplegaron y dominaron las incursiones terrestres en puestos militares aislados durante sus 20 años de insurgencia contra la coalición liderada por Estados Unidos, dijo Ibraheem Bahiss, analista dedicado a Afganistán del International Crisis Group.


“Los paquistaníes han respondido al utilizar una fuerza abrumadora y eso aumenta la escala desde la perspectiva de Kabul, que busca cómo responder mejor”, dijo Bahiss.


“Las dos partes siguen dando respuestas que consideran mesuradas”, añadió Bahiss. “Pero siguen subiendo la apuesta”.


Las relaciones entre los países vecinos se han deteriorado recientemente por las acusaciones de Pakistán de que el gobierno afgano alberga a los talibanes paquistaníes, conocidos como Tehrik-e-Taliban Pakistan. El grupo militante ha matado a cientos de miembros del personal de seguridad paquistaní en los últimos años, y en noviembre se atribuyó la autoría de un atentado suicida que mató a una decena de personas en un tribunal de Islamabad, la capital de Pakistán.


Pakistán afirma que los talibanes permiten a los talibanes paquistaníes entrenarse y operar libremente en Afganistán, desde donde lanzan ataques a través de la montañosa frontera de 2575 kilómetros.


Los talibanes niegan haber albergado al grupo y acusan al gobierno de Pakistán de intentar desviar la culpa de sus propios fallos de seguridad interna. Sin embargo, en privado, las autoridades afganas reconocen, al menos, la presencia de los talibanes paquistaníes en Afganistán.


La presencia de los talibanes paquistaníes y el resurgimiento de otros grupos en Afganistán, incluido Al Qaeda, ha alarmado a los países de la región y de fuera de ella.


El gobierno de Afganistán se ha enfrentado a la presión de China y Rusia para frenar a los grupos militantes que operan en el país. China ha mantenido relaciones diplomáticas constantes con el gobierno talibán de Afganistán, y Rusia fue el primer país que reconoció al grupo como autoridad legítima del país el año pasado.


El gobierno afgano ha proporcionado armas a los talibanes paquistaníes, como rifles y drones, según el Consejo de Seguridad de la ONU. Las Naciones Unidas señalaron también en un informe publicado este mes que “Al Qaeda seguía gozando del patrocinio de las autoridades de facto”, en referencia al gobierno afgano dirigido por los talibanes.


El viernes, Pakistán y Afganistán difundieron afirmaciones divergentes sobre el número de muertos en los combates del día en la región fronteriza. El portavoz militar paquistaní, Ahmed Sharif Chaudhry, dijo que al menos 274 personas habían muerto allí. Zabihullah Mujahid, portavoz del gobierno talibán, dijo que habían muerto 55 soldados paquistaníes.


Desde octubre, Pakistán ha cerrado a civiles y comerciantes los pasos fronterizos críticos, y los ha reabierto solo de forma intermitente para expulsar a los afganos que viven en Pakistán.


La suspensión del comercio y la expulsión de más de un millón de afganos solamente el año pasado han perjudicado las economías de ambos países.


En algunas aldeas del lado paquistaní, las autoridades han ordenado en los últimos meses a las familias que evacuen como medida preventiva. Han aconsejado a los habitantes que decidieron quedarse que se refugien en sótanos cuando estallen las tensiones.


“Los enfrentamientos fronterizos se han convertido en una rutina y es casi imposible vivir aquí entre disparos y proyectiles de mortero”, dijo Zar Wali, agricultor y padre de cuatro hijos de un pueblo de la provincia noroccidental paquistaní de Jaiber Pajtunjuá, cerca del paso fronterizo de Torkham.


“Cuando comienzan los disparos desde ambos bandos, metemos a nuestros hijos en los sótanos y esperamos durante horas, sin saber qué va a ocurrir después”, añadió Wali.


Los antiguos lazos étnicos y familiares entre ambos países se han desgastado en los últimos meses y, en algunos distritos fronterizos paquistaníes, los funcionarios locales han instado a los aldeanos a apoyar a las fuerzas de seguridad, dijeron los habitantes.


“Algunos aldeanos se han posicionado junto a las fuerzas de seguridad en las trincheras y participan en los intercambios de disparos”, dijo Murtaza Shah, maestro de escuela en el distrito fronterizo de Kurram. “Es un momento crítico”, añadió. “Debemos apoyar a nuestras fuerzas, al igual que las comunidades del otro lado de la frontera apoyan a los combatientes talibanes”.


Los enfrentamientos del viernes se produjeron durante el mes sagrado del Ramadán, que los funcionarios de Naciones Unidas esperaban que fuera un momento para mediar en la paz entre ambos países. A pesar del alto al fuego firmado en octubre, aunque debilitado por los frecuentes enfrentamientos fronterizos, los esfuerzos de mediación de Catar, Arabia Saudita y Turquía han fracasado.


La creciente hostilidad de Pakistán hacia los talibanes en los últimos meses supone un cambio brusco respecto a décadas de apoyo tácito al grupo. Los dirigentes talibanes afganos vivieron en el sur de Pakistán durante la guerra en Afganistán dirigida por Estados Unidos. Después de que los talibanes volvieron al poder en 2021, el gobierno paquistaní inicialmente los apoyó, e incluso hubo conversaciones para que Afganistán se uniera a un corredor económico China-Pakistán.


Ahora eso parece imposible.


“Esto no es un gobierno”, dijo sobre los talibanes el teniente general Ahmed Sharif Chaudhry, portavoz militar paquistaní, en una entrevista reciente con el Times. “Son caudillos. Afganistán es un espacio donde se asienta una milicia no estatal”.

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